jueves, agosto 10, 2006

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Otoño en el corazón de las esquinas

"¿Qué es una ciudad sino una serie, una colección de historias íntimas que el fotógrafo busca desesperadamente fijar, aún sabiendo que la belleza que contempla por intermedio del lente desaparece en la misma medida que ha sido registrada, puesto que el aura de las cosas se desvanece velozmente en el corazón de las urbes?: Concepción y Santiago, como tantas otras metrópolis, están traspasadas por estas historias, que de tanto en tanto se cuelan en los intersticios que deja la narración colectiva, el relato oficial del progreso, pautado por una dinámica agobiante. Instantes de re-flexión -en su sentido de reflexo, reflejo, juego de imágenes y dobles que sólo el espejo puede traducir- en mitad del tráfago, microiluminaciones del voyeur que recorre las calles con el afán de penetrar en el pubis secreto de la ciudad y revelar sus funciones de placer y displacer, sus centros clitorales y su frigidez: divertimentos de la luz sobre superficies cromadas, paradojas del (sin) sentido señaladas en simples anuncios publicitarios, extraña disposición, sorprendente perspectiva de los rascacielos, ruinas de viejos edificios en los que podemos observar fundidos el esplendor de antaño & la máscara vacía de la modernidad. En “Otoño en el corazón de las esquinas” descubrimos la intención de rescatar estas pequeñas historias, dentro del contexto de la imagen, restituirlas al circuito de frecuencias y movimientos de la ciudad, de donde habían sido erradicadas. “Otoño en el corazón de las esquinas” es una caza de intensidades, un trabajo realizado a un nivel que podríamos denominar “microscópico”, puesto que funciona sobre la base de cuadros que generalmente pasan desapercibidos, que son invisibles dentro de la pantalla interminables que constituye la ciudad y sus escenarios -como los guiños del neón sobre una vidriera. La ausencia de figuras humanas dentro de la serie actúa -irónicamente- como propulsora de los relatos: en este caso son los objetos los que narran, es la gradación de la luz, su paulatino decaer en la oscuridad la que dibuja una historia determinada. Es decir: no será ya la voz del animal humano, sino el rumor de las cosas el que nos plantee los dilemas del habitar humano en la urbe, reino del neón, reino de la artificialidad. ¿Funciona esto como una crítica, como una constatación?: a nuestro parecer debemos considerar esta mirada en cuanto verificación de un cierto orden de cosas, el orden de lo macro al cual se aferran el ritmo y la estructura de nuestras sociedades. No obstante lo anterior, se percibe una resistencia a este orden: las pequeñas historias que desfilan en “Otoño…” parecen desafiar la crudeza de PosmoSatán, proponer un entramado alternativo para la polis; aunque se mueven de acuerdo al vaivén de Santiago, permanecen irreductibles a él, en una especie de silenciosa negativa, de bello desafío -como la luz de un farol que se opone al otoño, dejándose absorber por su luminosidad. Sabiduría de lo mínimo / voluntad de acercarse a la ciudad con un palpitar más humano, eso trasudan estas fotografías."

Manuel Illanes

Santiago, 24 / 01 / 2007

miércoles, agosto 09, 2006

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